De cuarzos y colores (I)
Figúrese, lector, que le dan un cuarzo. Del tamaño de una judía. Y le dicen que se lo ponga con un esparadrapo en una determinada parte del cuerpo, de forma que el cuarzo esté en contacto permanente con la piel durante, al menos, doce horas diarias. Eso es lo que le va a curar una dolencia o enfermedad, le dicen con solemnidad, en plazo relativamente corto. Entre uno y tres meses. Claro y meridiano.
No son los vapores del verano. No he enloquecido. Ocurre que es cierto. Los cuarzos y los colores curan, tienen su pequeño papel de sanación en esta Tierra. Crecieron dentro de ella y sirven para reordenar muchas alteraciones de la naturaleza. Y del cuerpo humano.
La explicación básica de la labor de sanación de un cuarzo es de una lógica sencilla. El cuarzo emite una vibración energética con una determinada cadencia monocrónica, de una cadencia constante. Da igual que se exponga el cuarzo a un sol abrasador durante horas o se meta durante días en un congelador industrial. Siempre emitirá la misma cadencia vibratoria. Es precisamente esa la cadencia a la que las células del cuerpo humano deben circular en un estado ideal de normo-función, donde la energía fluye y el bienestar se instala. Es por ello que, si se coloca un cuarzo cerca del cuerpo, la vibración incesante de éste terminará por hacer que las vibraciones propias de la persona se reordenen de nuevo hacia esa cadencia determinada, sanatoria. En la actualidad, se utilizan también los cuarzos para mantener en hora un reloj con mayor precisión.
Por su parte, los colores hacen su pequeña función curativa de una manera más específica. Cada color emite una frecuencia vibratoria que tiene velocidad, longitud y ritmos de ondas diferentes. Estas vibraciones ejercen una influencia física, psíquica y emocional que permite a nuestra energía vital recuperar un estado sano. Se ha demostrado que los colores tienen la capacidad de calmar, inspirar, excitar, equilibrar o alterar nuestras percepciones. Hipócrates usaba ungüentos y bálsamos de diferentes colores para las curaciones. Fue el médico árabe Avicena (siglo IV) quien primero escribió sobre las propiedades del color en el tratamiento de las enfermedades. Después, la cromoterapia quedó olvidada durante unos siglos, pero ya en el XVIII científicos y filósofos retomaron la aplicación beneficiosa de los colores, y en el siglo XX empezó a utilizarse con fines terapéuticos muy concretos. Una gran aportación al mundo de la cromoterapia fue el test del color de Lüscher –psicólogo suizo- en 1948. Estudió la influencia de los colores en las diferentes partes del sistema nervioso autónomo, el metabolismo y las secreciones glandulares. Se emplean en el Test de Lüscher ocho tarjetas, cada una de un color: azul, rojo, verde, amarillo, gris, violeta marrón, y negro. La prueba consiste en ordenar según la preferencia las tarjetas. Ayuda a los médicos a diagnosticar enfermedades, desde cardiopatía hasta dolencias estomacales.
Generalmente se combina la terapia del color con otras técnicas curativas. De hecho, en el mundo de los cuarzos y cristales un mismo cuarzo posee propiedades diferentes dependiendo del color que tenga. Por ejemplo, una aventurina verde (se trata de una variedad del cuarzo verde) tendrá propiedades antiinflamatorias, mientras que un cuarzo citrino (de color amarillo) favorece la digestión y el tránsito intestinal.
Los efectos particulares de cada color, junto con un cuarzo significativo de cada uno de los colores… se detallará en el próximo artículo. Bienvenidos todos al mundo de la sanación con cuarzos y colores.
Cientos de virtudes para miles de defectos. Soy @vidaenvioleta en twitter.



